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Adversidades de la remolacha: Pie Negro

Información sobre la adversidad



Síntomas: El Pie Negro es una enfermedad de las plántulas de remolacha que se caracteriza por el ennegrecimiento y estrangulamiento de la raíz a nivel del suelo, pudiendo extenderse la necrosis hasta la base de los cotiledones. Al final, se produce el marchitamiento y la desaparición de la plántula.

Esta enfermedad es causada por diferentes hongos patógenos, principalmente Aphanomyces cochlioides, Pythium ultimun, Pythium debaryamun y Phoma betae. Fusarium sp y Rhizoctonia solani  aparecen en ocasiones asociados con alguno de los hongos anteriores.

Aphanomyces cochlioides y Pythium spp, son hongos de suelo que se transmiten de una planta a otra por medio de esporas móviles y que forman órganos de resistencia mediante los que sobreviven en períodos desfavorables.

Para el desarrollo de estos hongos es imprescindible una elevada humedad en el suelo y temperaturas de ± 20ºC. En ocasiones pueden también producir la pudrición de raíces de remolacha desarrollada.

 

Existen una serie de factores de riesgo que favorecen el desarrollo del Pie Negro, como son: la repetición del cultivo de la remolacha en años consecutivos, la acidez del suelo, el encharcamiento, la siembra tardía, el suelo mal estructurado y la formación de costra superficial.

Distribución: La enfermedad se presenta en todas las zonas remolacheras de España, apareciendo típicamente en rodales.

Daños: Son variables según las condiciones ambientales y el historial de la parcela. Sólo son importantes los daños cuando coinciden varios de los factores de riesgo anteriormente enumerados. Si se utilizan semillas sin tratamiento fungicida adecuado las pérdidas pueden ser hasta del 18%.

 

 


Control de la adversidad

Es muy eficaz el tratamiento industrial de la píldora con fungicidas (Himexazol, y TMTD). Sin embargo, una vez que el Pie Negro se presenta, los tratamientos químicos no son efectivos. La remolacha responde favorablemente a la aireación del suelo mediante labores entre líneas con el cultivador.

Además, existen una serie de prácticas culturales para favorecer la nascencia y disminuir el daño de la enfermedad, entre las que se encuentran la aireación del suelo, rotación del cultivo, evitar siembra tardía, evitar encharcamientos y manejar los productos fitosanitarios cuidando la dosis y la calidad de la aplicación, para evitar fitotoxicidades.